El ahorro de agua empieza en la vida cotidiana: las máquinas a plena carga, los programas económicos y el uso consciente al lavarse los platos y las manos marcan la diferencia. Presta atención a las cisternas o urinarios con fugas e informa inmediatamente de las averías. Lo mismo se aplica al riego: sé eficiente y riega preferentemente en las horas frescas de la mañana o la noche.